Escudo trasp

El Cirineo

 

cirineoA veces las obras de arte no están firmadas o carecen de un documento que especifique su autoría. En estos casos las obras pueden quedar en el completo anonimato o podemos aventurarnos a atribuirla a cierto artista o escuela basándonos en similitudes estilísticas. Pero una atribución es una decisión complicada que no debe tomarse a la ligera. Además de que a todos los efectos una atribución es como una autoría provisional sujeta a la posibilidad de ser negada o confirmada a lo largo de la evolución de las técnicas de investigación y de los hallazgos relacionados con la obra que se puedan producir en el futuro.

 

Cuando una obra anónima, con muchas posibilidades de poseer un gran valor, ha permanecido durante los siglos sin ser atribuida formalmente, esta se puede rodear de leyendas y conjeturas sobre su autoría. Seguramente usted que está leyendo este artículo ya está pensando en la imagen de nuestro Simón Cirineo. Esa imagen que desde niños hemos oído que si podría ser de la escuela de la Roldana o que era muy parecido al Cirineo de San Isidoro de Sevilla, obra de Francisco Antonio Gijón. Lo cierto es que el parecido con esta obra de Gijón da mucho que pensar, pero no es suficiente un parecido para dar una atribución.

 

Como hemos dicho, un parecido de una obra anónima con una obra de cierto autor no es suficiente para una atribución. Entre otras cosas porque hay muchos grados de parecido, muchas formas de parecerse y muchas formas de emular o apoyarse en las obras de otros artistas, especialmente de los grandes maestros. Determinar una autoría es un trabajo de investigación casi detectivesco que normalmente recae en grupos de investigación dirigidos por catedráticos especializados en cierto artista o en cierta época.

 


Uno de los datos que más estrecha el círculo es la fecha o la época de ejecución de la obra. Esta puede ser facilitada en la misma obra escrita en un lugar oculto, también podría encontrarse en algún documento o tal vez tengamos que deducirla directamente de la obra en sí.

 

cirineo2Para ello tendremos que analizar los aspectos técnicos y artísticos para colocarlo en una época que se caracterice por estos mismos aspectos o que resulte probable que se pudiese haber hecho la obra en esta época. Una vez situada la obra una época hay que verificarla. Para ello es indispensable detectar cuanto de la obra es original y cuanto son intervenciones posteriores. Y luego observando las cualidades de las partes originales, estas se comparan y se analizan las posibilidades de haberse podido realizar o no en esta época. Pongamos un ejemplo, tenemos una tablilla con un icono de estética claramente románica, pero al estudiar la capa pictórica descubrimos que está pintado al óleo. El óleo no se aplicó a la pintura artística hasta el siglo XV. Con lo cual deducimos que esta tablilla no pudo pintarse en el Románico, es decir siglos XI y XII. Y así hasta que se encuentre una fecha con la que todo encaje. Si ponemos otro ejemplo ya sobre nuestro Simón Cirineo vemos que sus aspectos estilísticos la sitúan entre el siglo XVII y el principios del siglo XVIII.

 

Tendremos que observar los aspectos técnicos, y nos encontramos, por ejemplo, con que el cuello de la camisa no está elaborado en madera tallada sino en paños encolados. Si miramos la historia veremos que los paños encolados fueron muy profusos en el siglo XVIII pero tendríamos que preguntarnos si en el siglo XVII ya se trabajaba con paños encolados. La respuesta está en el San Ignacio de Loyola de Juan Martínez Montañés. En esta escultura las vestimentas están elaboradas con esta técnica. Con lo cual los paños encolados no nos adelantan mucho sobre la época de su ejecución. Tal vez la pista que estreche el círculo de la fecha de ejecución esté en otro lado. De todos modos ahora mismo no tenemos los medios necesarios para saberlo.

 


Tal vez las pistas estén en otra obra. Observemos pues las aplastantes similitudes de nuestro Simón Cirineo con el ya citado Simón Cirineo de San Isidoro, obra de Francisco Antonio Gijón. Para empezar las vestimentas son del mismos corte. Aunque presenta una mayor profusión de detalles ornamentales y riqueza de modelado la vestimenta de la  obra de Gijón. Pero insisto en que el tipo de vestimenta es el mismo. Pero también resulta ser muy similar a las vestimentas del San Cristóbal de la iglesia del Salvador, obra de Martínez Montañés. Con lo cual las vestimentas nos acercan a la obra de Gijón pero no son una prueba definitiva porque parece ser que durante el Barroco más de un autor se sirvió de este tipo de vestimentas para representar las imágenes de personajes rudos.

 

Tal vez sea más revelador la similitud del concepto anatómico que queda especialmente clara en la forma de trabajar los grupos musculares de los antebrazos y las manos. En estas partes de las dos esculturas se intuye una forma de trabajar que se podría decir que son casi de la misma mano.

 

cirineo3Pero no nos precipitemos, porque a la hora de comparar los bustos podemos sentir la tentación de afirmar que nuestro Simón Cirineo es evidentemente del mismo autor porque el parecido es ciertamente grande. Sí es cierto que especialmente en las zonas con pelo se repite el padrón de la vestimenta, es decir misma estructura pero más profusión de detalles en uno que en otro. Pero es en el rostro donde vuelven a surgir nuevas posibilidades.

 

  Si observamos los rostros de las dos esculturas veremos que el concepto anatómico y la expresión de dramatismo teatral que llena de juegos de claroscuro el rostro del Cirineo de San Isidoro es menos evidente en nuestro Cirineo. En este caso la expresión es más serena, casi inerte. No se encuentran en el rostro de nuestro Cirineo los juegos de claroscuro tan típicos de barroco. El rostro e incluso el busto completo de nuestro Cirineo se acerca más al concepto academicista del siglo XVIII.

 

Esto sólo son pistas que nos acercan a una posibilidad u otra. Creo que se podrían barajar tres posibilidades: que esta obra estuviese hecha a la manera de Gijón, tomando como referencia el Simón Cirineo de San Isidoro;  que esta obra pertenezca al taller de Gijón; o tal vez se trate de una obra de directamente hecha por Gijón en la que volcase un concepto más sereno y menos teatral tal vez en una anticipación a lo que iba a ser la siguiente etapa de la escultura de imágenes de devoción. Yo no me atreveré a decidirme por ninguna de las tres opciones porque para eso sería necesario un estudio formal desarrollado por profesionales especializados. Lo que sí diré sin miedo  a equivocarme es que fuere la que fuese de las tres opciones lo que es evidente es la enorme calidad artística de esta escultura de Simón Cirineo que tenemos en nuestra hermandad.

 

 

 

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